Descanso reparador en verano: cómo dormir mejor con la llegada del calor
Cuando llega el calor, descansar bien cuesta mucho más.


Llevamos todo el año pensando en el verano, deseando que llegue el buen tiempo, los días largos y las terrazas; pero, de repente, llegan esas noches... en las que empiezas a no pegar la oreja a la almohada buscando el lado frío y dar vueltas como una peonza intentando conciliar el sueño de la mejor manera posible. Al final, nos empezamos a dar cuenta de lo cuesta arriba que se hace descansar en verano.
Este año, además, el calor ha llegado de golpe. No hemos tenido casi esa transición suave de primavera a la que el cuerpo estaba acostumbrado para ir adaptándose y regulando la temperatura poco a poco. Hemos pasado casi del frío al bochorno en cuestión de días, y ese cambio tan brusco el cuerpo lo nota muchísimo: puede hacernos sentir con menos energía, más fatigados y dificultar el descanso nocturno.
¿Por qué cuesta dormir bien con el calor?
Para que el cuerpo arranque el proceso del sueño de forma óptima, necesita disminuir su temperatura interna aproximadamente un grado. Es una de las señales biológicas que le dicen al cerebro que toca apagar máquinas.
Cuando la temperatura ambiental en la habitación es muy alta, el sistema de termorregulación tiene más dificultades para funcionar correctamente:
- Activación física: El cuerpo empieza a sudar y el corazón puede aumentar su actividad para favorecer la disipación del calor. En lugar de relajarte, tu sistema nervioso se pone en modo alerta.
- Micro despertares: El calor puede romper el sueño. Aunque te duermas por puro cansancio, el cerebro detecta el exceso de temperatura y puede favorecer micro despertares continuos para que te muevas o busques fresco, afectando las fases de sueño profundo y REM.
- Hábitos menos equilibrados: En verano cenamos más tarde, salimos más y solemos consumir más alcohol o bebidas azucaradas frías, lo que puede dificultar el descanso nocturno.
¿Cómo dormir mejor cuando hace calor?
Para conseguir un mejor descanso, hay que ponérselo fácil al cuerpo combinando el control del entorno de la habitación con lo que le metemos al organismo:
- Cenas ligeras pero nutritivas: Cenar ligero no significa quedarnos cortos a nivel nutricional ni pasar hambre. Significa elegir alimentos que se digieran mejor. Si tu digestión lo tolera bien, puedes optar por opciones frescas como cremas frías o ensaladas completas. Las cenas muy abundantes aumentan la termogénesis, que es el calor que produce el propio cuerpo para poder digerir los alimentos. Si cenas comida muy pesada y tarde, tu temperatura interna subirá obligatoriamente por el sobreesfuerzo del estómago, impidiendo que el cuerpo se enfríe para dormir. Intenta también cenar unas 2 o 3 horas antes de acostarte.