El poder detox de las plantas medicinales
Cada año con la vuelta de septiembre proliferan los programas de detoxificación pero, ¿Sabes cómo detoxifica realmente tu cuerpo?


Por definición vamos a considerar detoxificación a todos los mecanismos de nuestro cuerpo que tienen como objetivo atenuar el impacto de los tóxicos de la índole que sea sobre la integridad del cuerpo.
Una detoxificación óptima es un componente esencial para el mantenimiento de una buena salud y prevención de enfermedades, así como para retrasar el envejecimiento biológico.
Nuestro cuerpo está naturalmente preparado para desintoxicarse y los principales órganos implicados en el detox son la piel, el intestino, los pulmones, el hígado y los riñones.
La primera barrera de la detoxificación es el tracto digestivo, pero es importante la detoxificación hepática y cómo influyen los polimorfismos en la misma. Y por ello, será en el hígado en el que nos centraremos hoy.
Además, la detoxificación hepática varía enormemente entre individuos en función de la genética pero también del estilo de vida.
¿Cómo hacer un detox natural?
El primer detox, y el más efectivo, es no ensuciar. Es decir, mantenernos alejados de todas aquellas sustancias que puedan colapsar nuestro sistema de detoxificación como alcohol, pesticidas, aditivos, etc… Sin embargo, no siempre es posible.
El siguiente, antes de que el poder pase al hígado, es ir de forma adecuada al aseo: Una persona estreñida no estará detoxificando de forma adecuada.
Nuestro hígado detoxifica en dos fases llamadas fase I y fase II.
Durante la fase I el objetivo es convertir los tóxicos, que son sustancias liposolubles (es decir, solubles en aceite, y por ello se acumulan en tejido adiposo) en hidrosolubles (solubles en agua) para así poder eliminarlas a través de las vías biliar y renal.
Esta fase, si bien necesaria y de vital importancia, tiene como consecuencia de formación de metabolitos oxidantes y radicales libres que, si no son efectivamente eliminados en las siguientes fases de detoxificación (fase II) pueden saturar nuestro hígado.
Aquí reside la importancia de que, si consumimos alimentos grasos de origen animal (mantequilla, embutidos, etc.), vísceras o derivados, sean de origen orgánico o ecológico, para que la cantidad de toxinas acumuladas sea menor.
Este mecanismo tiene como consecuencia procesos de oxidación lo que produce radicales libres (oxidantes) y otros compuestos dañinos, por lo que la oxigenación o un aporte exógeno de sustancias antioxidantes como los carotenoides y bioflavonoides optimizarán esta fase.