¿Cómo puedo cuidar la piel en invierno?
El invierno supone un gran reto para la piel. Las bajas temperaturas, el viento, la menor humedad ambiental y los cambios bruscos de temperatura entre interiores y exteriores pueden alterar la barrera cutánea, favoreciendo la sequedad, la tirantez, la descamación e incluso un aumento de la sensibilidad.
En este contexto, una rutina de skincare bien planteada no solo debe centrarse en lo que aplicamos sobre la piel, sino también en cómo la cuidamos desde dentro a través de la alimentación, el descanso y otros buenos hábitos de vida.
La piel es el órgano más grande del cuerpo, y actúa como una barrera fisiológica activa. Está compuesta por múltiples capas y estructuras cuya integridad depende de factores internos como la nutrición, el equilibrio hormonal y la inflamación, y de factores externos como el clima o los agentes irritantes.
En invierno, la disminución de la humedad ambiental y el contraste entre espacios exteriores fríos e interiores con calefacción favorece la pérdida transepidérmica de agua, pudiendo alterar el equilibrio lipídico de la piel y aumentando la sequedad cutánea. Además, el propio frío reduce la producción de sebo, lo que también podría debilitar la barrera cutánea.
Cuidar la piel en esta época del año requiere actuar en varios niveles. A nivel tópico, es fundamental priorizar fórmulas respetuosas con la barrera cutánea que incorporen ingredientes que ayuden a mantener la hidratación y protejan de las agresiones externas, como el aceite de almendras presente en algunas cremas corporales.
A nivel interno, la evidencia científica muestra que una alimentación rica en micronutrientes, ácidos grasos esenciales y compuestos antioxidantes influye directamente en la estructura y el funcionamiento normal de la piel.
No debemos olvidar otros factores igual de relevantes como el descanso nocturno, el manejo del estrés o la exposición solar, que en invierno sigue resultando de vital importancia, especialmente en zonas de alta montaña o en actividades al aire libre.
Pasos para un skincare natural de invierno
- Limpieza suave y respetuosa
En invierno menos es más. Una limpieza muy agresiva podría empeorar la sequedad y alterar el microbioma cutáneo. Sería recomendable optar por geles suaves que incorporen tensioactivos delicados, aceites vegetales como el de jojoba, extractos calmantes como la caléndula, o agentes humectantes que nos permiten retirar impurezas sin comprometer la barrera cutánea.
- Hidratación adaptada a la estación
La hidratación en invierno no solo consiste en aportar agua, también en ayudar a nuestra piel a retenerla. Ingredientes como la glicerina vegetal, el ácido hialurónico de distintos pesos moleculares, o el aloe vera, ayudan a mantener un buen nivel de hidratación cutánea.
A continuación, es clave sellar la hidratación con lípidos de calidad. Los aceites vegetales ricos en ácidos grasos esenciales como el de argán, jojoba o rosa mosqueta, así como las mantecas naturales, pueden contribuir a reforzar la propia función barrera.
- Nutrir la piel desde dentro: el papel de la alimentación
La piel refleja, en gran parte, nuestro estado nutricional. Durante el invierno, plantear una alimentación variada y equilibrada es una de las herramientas más eficaces para cuidar la piel de forma natural.
Los ácidos grasos omega 3, presentes en pescados azules, semillas de chía, lino y en las nueces, se asocian con una mejor función barrera y una respuesta inflamatoria más modulada. Además, las vitaminas antioxidantes, como la C y la E, participan en la protección frente al estrés oxidativo, mientras que minerales como el zinc o el selenio contribuyen al normal funcionamiento de la piel.
Tampoco debemos olvidar que las frutas y verduras de temporada, ricas en polifenoles antioxidantes, aportan compuestos bioactivos que ayudan a la piel a adaptarse a las agresiones ambientales.
- Protección solar también en invierno
La fotoprotección suele ser una de las grandes olvidadas en las rutinas de skincare de invierno. Aunque la intensidad solar sea menor, la radiación ultravioleta sigue estando presente y contribuye al envejecimiento cutáneo y a la alteración de la barrera de la piel.
El uso diario de protectores solares con filtros adecuados, incluso en invierno, es una medida preventiva respaldada por la evidencia científica. Si quieres optar por cosméticos más suaves, existen opciones con filtros minerales que ofrecen una protección eficaz y respetuosa con la piel.
- Descanso y control de estrés, pasos claves para el bienestar de la piel
Es fundamental entender que dormir no es un lujo, sino una necesidad fisiológica. Durante el descanso nocturno se activan procesos de reparación y regeneración cutánea. De hecho, la falta de sueño se asocia con una piel más apagada, deshidratada y reactiva.
Del mismo modo, el estrés crónico puede influir de forma negativa en la piel mediante mecanismos hormonales e inflamatorios. Por ello, incorporar rutinas de autocuidado, respiración consciente o actividad física moderada, puede tener un impacto positivo tanto en la salud general como en el aspecto de la piel.
Cuidar la piel implica combinar una rutina tópica respetuosa junto con una alimentación adecuada, un correcto descanso, y hábitos conscientes. Cuando entendemos la piel como parte de un todo, el skincare pasa a ser una herramienta real de autocuidado.
Escucha tu piel, adapta tu rutina según la estación y empieza hoy mismo a cuidarla desde dentro y desde fuera.

