Lasaña de trigo sarraceno y calabacín

Una versión ligera, nutritiva y reconfortante con toque gourmet.

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Una versión ligera, nutritiva y reconfortante con toque gourmet.

Hay recetas que reconcilian con la cocina casera porque combinan sencillez, nutrición y ese punto de disfrute que hace que quieras repetir. Esta lasaña de trigo sarraceno con calabacín es una de ellas.

Es una opción sin gluten, más ligera que la versión tradicional, pero igual de sabrosa y reconfortante. El trigo sarraceno, además, es un pseudocereal especialmente interesante para la salud femenina: aporta minerales como el magnesio y ayuda a sostener la energía de forma estable.

Aquí lo combinamos con una boloñesa vegetal muy aromática (con opción de carne o versión vegana) y una bechamel cremosa de anacardos que eleva el plato sin complicarlo.

Ingredientes para preparar una lasaña de calabacín perfecta

Para 3 - 4 raciones:

Para la bechamel de anacardos:

Cómo hacer lasaña de calabacín sin pasta tradicional

  1. Empieza hidratando las setas shiitake en agua caliente durante unos 15-20 minutos. Mientras tanto, pica finamente la cebolla y el calabacín. En una sartén amplia, añade el ghee de cabra o un chorrito de aceite de oliva, y sofríe la cebolla hasta que esté transparente.
  2. Incorpora el calabacín y las setas ya hidratadas, escurridas y troceadas, y cocina unos minutos. Añade la carne picada o la soja texturizada previamente hidratada, y cocina hasta que esté bien integrada. Incorpora la salsa de tomate, ajusta de sal y especias, y deja que todo se cocine a fuego suave unos 10 minutos.
  3. Para la bechamel, tritura los anacardos ya remojados y escurridos con la levadura nutricional, el ajo en polvo, la sal y un poco de agua, hasta obtener una crema suave y sedosa.
  4. Monta la lasaña en una fuente apta para horno: alterna capas de láminas de trigo sarraceno, boloñesa y bechamel. Repite el proceso y termina con una capa generosa de bechamel.
  5. Hornea a 180ºC durante unos 25-30 minutos, hasta que esté caliente y ligeramente dorada en la superficie.

Una receta que demuestra que comer saludable no es renunciar, sino aprender a disfrutar de nuevas formas de nutrirte con placer.